La sugerencia de Anthropic de que su herramienta Claude Code podría utilizarse para automatizar la modernización de un lenguaje de programación veterano como COBOL —que seis décadas después de su primera implementación sigue siendo una actividad relevante para IBM— provocó el lunes una fuerte reacción en los mercados.
La compañía registró una caída del 13,2% en el precio de sus acciones, la mayor desde el estallido de la burbuja puntocom hace un cuarto de siglo.
Pero IBM no es la única empresa afectada por el actual ciclo de expectativas en torno a la IA. En el ecosistema SaaS se extiende una sensación cercana al nerviosismo a medida que toma forma el potencial de la IA para automatizar la creación y gestión de software. Salesforce, Atlassian, ServiceNow y Snowflake han sufrido fuertes ventas en un episodio que una firma de trading calificó, de forma melodramática, como “SaaSpocalypse”.
Un escenario hipotético a 2028
El informe The 2028 Global Intelligence Crisis (La crisis de inteligencia global de 2028), elaborado por Citrini Research junto con Alap Shah, de Lotus Technology Management, va más allá. En este ejercicio prospectivo, se describe cómo podría verse el auge de la IA desde la perspectiva de 2028, apenas dos años después de un pico imaginario del S&P 500 en los 8.000 puntos, en octubre de este año.
“La productividad estaba en auge. La producción real por hora aumentó a un ritmo no visto desde la década de 1950, impulsada por agentes de IA que no duermen, no se ponen de baja por enfermedad ni necesitan seguro médico”, señala la firma en lo que define como un ejercicio de reflexión. Pero, en paralelo, “los propietarios de los ordenadores vieron cómo su riqueza se disparaba al desaparecer los costes laborales, mientras que el crecimiento de los salarios reales se desplomó”.
En este escenario, las empresas, en su búsqueda de mayor productividad gracias a la IA, reducen plantilla. Sin embargo, al caer el empleo también se contrae la demanda de productos y servicios, lo que lleva a una nueva ronda de automatización. “En todos los sentidos, la IA superaba las expectativas, y el mercado era la IA. El único problema… era que la economía no lo era”, imagina Citrini.
El modelo de suscripción, en riesgo
Las primeras en notar este impacto serían las plataformas SaaS. Según esta hipótesis, los agentes de IA podrían asumir tareas actualmente cubiertas por aplicaciones empresariales, tanto en el ámbito corporativo como en el de consumo. El resultado sería una erosión del valor percibido y la necesidad de aplicar descuentos significativos para retener clientes.
La atención sobre este escenario coincide con el anuncio, a principios de febrero, de la nueva plataforma empresarial Frontier por parte de OpenAI, presentada —según diversas informaciones— ante inversores como un posible competidor directo del SaaS tradicional.
La consultora Xpert Digital lo resumía así: “Si los agentes de IA asumen el trabajo de departamentos completos o si las empresas generan su propio código, la base del lucrativo modelo de suscripción podría tambalearse”.
En este contexto, surgen preguntas relevantes para los CIO: ¿podrán negociar mejores condiciones en las renovaciones de licencias a partir de 2026? ¿Existe un riesgo real de que algunas organizaciones abandonen soluciones SaaS tradicionales en favor de plataformas nativas de IA?
Escribir software es más fácil que operarlo
Los expertos consultados por CIO.com se muestran, no obstante, escépticos ante la posibilidad de que la transición sea tan sencilla como plantea Citrini Research.
En primer lugar, la capacidad de la IA para replicar con garantías las funciones críticas que hoy desempeñan las plataformas SaaS aún no está demostrada. En segundo lugar, incluso si se aproximan funcionalmente, persisten interrogantes clave en materia de auditoría, seguridad, cumplimiento normativo y rentabilidad.
Maya Mikhailov, directora ejecutiva de SAVVI AI, señala que “la IA facilita enormemente la escritura de software. No facilita la operación de software empresarial. Son dos problemas muy distintos, y la mayor parte del coste reside en el segundo”.
Y añade: “En el momento en que internalizas la creación de software, también asumes la seguridad, el cumplimiento normativo, la disponibilidad, las integraciones y el soporte 24/7. Sobre el papel puede resultar atractivo, pero los costes y la complejidad impactarán directamente en la cuenta de resultados”.
Collin Hogue-Spears, experto técnico de Black Duck Software, subraya además los riesgos asociados a la gobernanza. “OpenClaw pasó de cero a 135.000 instancias expuestas en cuestión de semanas porque ejecuta flujos de trabajo con gran rapidez. Pero no genera pruebas de auditoría, no garantiza el cumplimiento de obligaciones de licencia ni produce la documentación regulatoria necesaria antes de desplegar código”.
“Los agentes de IA ejecutan tareas” —explica—. no generan el rastro de evidencias que separa a una empresa de una posible sanción regulatoria. Este patrón se repite en distintos sectores: la IA tiende a convertir funcionalidades en commodities, mientras amplía las obligaciones de gobernanza”.
Ventana de negociación para los CIO
Con todo, el contexto actual podría jugar a favor de los clientes. La debilidad bursátil del sector SaaS abre una oportunidad poco habitual en la negociación de contratos.
“Los proveedores SaaS afrontan la presión de precios más creíble desde que la nube desplazó a las licencias on-premise. Se ha abierto una ventana de negociación”, concluye Hogue-Spears.
Para los CIO, el mensaje es claro: más allá del ruido, la irrupción de los agentes de IA puede convertirse en una palanca estratégica tanto para revisar el modelo operativo como para optimizar costes en el corto y medio plazo.